BON IVER
Un día del año 2012, gracias al algoritmo de la aplicación Deezer,
descubrí la música de Bon Iver. No recuerdo qué canción fue, pero creo que era “Holocene”.
Leyendo sobre la historia de Justin Vernon, el creador del
proyecto, supe que su primer disco fue producto de haber pasado unos meses en
una cabaña en el medio del bosque en Wisconsin, a donde se retiró tras una
ruptura amorosa. La creación del disco fue parte de su terapia.
Me llegó al corazón. Siempre me sentí atraído por las
historias de hombres estoicos, que enfrentaban la adversidad en soledad. Los
libros de Jack London, “Walden” de Henry David Thoreau, la historia de Chris
Mccandless.
Yo no estaba en esa situación. Me iba bien en la
universidad, la relación con mis padres era buena, tenía una novia a la que
amaba. Pero algo resonó en mí.
La música de Justin Vernon me acompañó durante los
siguientes años. Mi vida no marchaba mal: terminé la universidad, me fui a
vivir con mi novia que eventualmente fue mi esposa, conseguí un gran trabajo.
Hasta que llegó el enero de 2024. Descubrí que ella me
engañaba y se regocijaba en esa situación. Me elegí y decidí comunicarle que
quería terminar con esa relación.
Ese día, al volver del trabajo, la encontré en la bañera de
nuestra casa con las muñecas cortadas, rodeada de pastillas y alcohol.
No murió. Fue un intento de suicidio.
Decidí aplazar mis sentimientos y acompañarla en el proceso
hasta que se internó en una clínica de salud mental.
A los pocos días me enfermé con dengue, en otra ciudad.
Estaba solo, enfermo y muy lastimado por lo ocurrido. Con mi esposa internada.
Era una pesadilla.
Finalmente nos separamos y hoy, 15 meses después, tenemos
una buena relación.
En el medio tuve otra pareja con la que fracasé. Tuve que
reconstruirme.
Los amigos y la terapia ayudaron, y la música también. Bon
Iver fue una parte importante de ese proceso.
Hoy, 11 de abril de 2025, Justin Vernon publicó un nuevo
disco.
Hay una canción en particular que me llegó al alma.
Short story.
Es una transición musical entre el inicio calmo, minimalista
y oscuro del disco, hacia una segunda parte más brillante y alegre.
“Short
story” dice “That January ain’t the whole world, and falling’s really over
shown, and you’re never really, really on your own!”.
Ese enero no es todo el mundo. Hay que tocar fondo y salir
adelante. Y nunca pero nunca estás solo.
El hombre que inició su viaje solo en una cabaña nos dice
que en realidad nunca estás solo.
Me recuerda a las palabras finales de Chris Mccandless en su
diario, antes de morir: “la felicidad solo es real si es compartida”.
Es mi lección de vida.
Siempre podemos reponernos y levantarnos, pero nunca lo
hacemos solos.
En estos tiempos de individualismo, donde el hedonismo y el
estoicismo están tan de moda, elijo no estar solo. Seguir adelante. Los malos
momentos no nos definen.
Como Justin, que en la última canción del disco dice:
“I've had
one home that I've known
And maybe
it's the time to go
I could
leave behind the snow
For a land
of palm and gold
But there
are miles and miles to go (Uh)
And I've
been down this road before
There's
another chance to show
No need to
crow no more”

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